PRIMERAS JORNADAS NACIONALES EL ROCK: UN EXTENSO PRESENTE IMAGINARIO. Un abordaje multidisciplinario.

Con el auspicio del IAE

Universidad de Buenos Aires

Facultad de Filosofía y Letras

Departamento de Letras

Instituto de Literatura Argentina Ricardo Rojas

 

Primera circular

PRIMERAS JORNADAS NACIONALES

EL ROCK: UN EXTENSO PRESENTE IMAGINARIO.

Un abordaje multidisciplinario.

22, 23 Y 24 de noviembre de 2017

 

 Comité Académico

 

Eduardo Romano. Director del Instituto de Literatura Argentina Ricardo Rojas de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA.

Jorge Dubatti. Director Instituto de Artes del Espectáculo de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA.

Susana Cella. FFyL, UBA/CCC.

Oscar Blanco. FFyL, UBA.

Pablo Alabarces. CONICET/FSOC-UBA.

Jorge Monteleone. CONICET/ILH-UBA.

Oscar Conde. UNIPE/UNLa/UNA.

Mara Favoretto. The University of Melbourne, Australia.

Sergio Pujol. CONICET/UNLP.

Emiliano Scariocaciottoli. FFyL, UBA.

Sandra Gasparini. FFyL, UBA.

Pablo Shanton. Periodista y Crítico especializado en música popular.

Daniel Salerno UBA/UNSAM/UNLPAM.

Norberto Cambiasso. UNQ/FSOC-UBA.

Gito Minore. FFyL, UBA.

Fernando Bogado. CONICET/FFyL, UBA.

 

Comité Organizador

Susana Cella. Departamento de Letras.

Oscar Blanco. Departamento de Letras

Jorge Dubatti. Director IAE

Daniel Salerno UBA/UNSAM/UNLPAM.

Fernando Bonfiglio. Departamento de Letras.

Erica Ferreyra. Departamento de Letras.

Colaboradores del comité organizador

Nancy Gregoff

José Carmona

Daniel Talio

 Inés De Lucca

Presentación:

El rock en Argentina, en tanto discurso, en su acepción ampliada del término y en su producción como hecho artístico, nos interpela en la contemporaneidad. En la actualidad, la profusión de sus prácticas y la diversidad de sus estilos, que llegan a disolver los límites de una definición precisa, al cual el mismo objeto nunca quiso ser constreñido, intervienen e interceptan el plano artístico, social y político en una tensión siempre renovada entre la transgresión de sus propias formas y la denuncia de formas de vida opresivas sufridas en la cotidianidad, y la sumisión en la repetición de estilos consagrados en su especificidad y la enarbolación  de una enseña contestataria como mero gesto que termina por ser vaciado de sentido.

Sin embargo, como ocurre con otros géneros discursivos o literarios, en el ámbito académico, el fenómeno del rock no tiene una focalización específica, o la tiene de soslayo, en los programas y currícula de los ámbitos universitarios de las carreras artísticas y de (para usar un término laxo) humanidades. Al igual que la crítica académica que, en la medida que constriñe el rock en el espacio de los géneros discursivos de masa (cuando no en el más aún elusivo de la “cultura popular”), queda siempre en el borde de la descalificación. Y no es que el rock no sea, como todo hecho artístico, como todo en el capitalismo, pasible de ser considerado como mercancía, como parte del negocio del espectáculo, parte de la maquinaria de la industria cultural; pero ese es solo un elemento; prioritario, es verdad, para algunas posiciones teóricas y críticas, pero puesto en invernación o no colocado en el centro de la reflexión para otros despliegues teóricos y críticos.

Quizás para el ámbito académico y su producción crítica, la dificultad radica,  además, en una cuestión espinosa: cómo abordar la complejidad específica del rock en tanto hecho artístico, ya que como toda forma musical que implique además la articulación de la palabra cantada, se conforma a partir de la intersección y de la cooperación de múltiples códigos; con el agravante, en el caso del rock, del despliegue de prácticas y espacios que son convocados para la realización de su producción, que van desde la puesta en escena desde el ámbito del recital, pasandoporlagrabaciónylamezclabajodiversossoportesdeaudio,elartedetapa,hastaprácticasqueseubicancasiexclusivamenteenlainstanciaderecepción,comoeselcasodelpogo,elmoshingoslam.

Elanálisiscríticoyespecíficodelasformasdeconstruccióndel rock,  implica otras dificultadas ya que estamos en presencia de una performance, un acontecimiento inmanente y ontológico, es decir, multiforme, que se despliega en un plano lírico, en un plano sonoro, en un plano convivial, etc.; y al menos en el cruce con otros lenguajes como, por ejemplo, el video clip.

Por otra parte, pensamos la producción del rock en Argentina como una singularidad sin negar las conexiones con las matrices extraterritoriales, pero las variables sociolingüísticas y territoriales propias son insoslayables ya que a partir de ellas es que el rock en nuestro país ha construido y sigue construyendo sus genealogías y linajes que diversos procesos de transformación y adaptación constituyen como bagaje cultural y artístico con características propias.

Es innegable, después de dilatados procesos de captación, traducción y producción local, la inserción del rock en el mercado de los bienes culturales y simbólicos en Argentina. Primero, quizás, como dispositivo de identificación identitario en sus comienzos sesentista y en su continuación setentista, pero después trascendiendo el mero espacio generacional para conformar una forma de vida imaginaria o no.

El rock local como género musical, como literatura (sus letras), como escena, como estilo se ha concebido, y en muchos casos se sigue concibiendo, como un lugar de resistencia o un imaginario donde el otro que quiere ser potencia un deseo: que él y los demás perciban la posibilidad de una vida diferente. Así, se deposita en el rock y sus prácticas la energía de la auto-transformación, del acceso a aquello de lo que se carece, en contra de las normas sociales, o en una tensión que se despliega solo en un hafter hours que termina por afirmarlas en ausencia, o en la presencia de la enconada oposición momentánea.

El rock implica una puesta en escena de un cuerpo y un despliegue en sus poéticas donde lo pasional y pulsional es corporal. La dicotomía cuerpo y alma (Body and soul) se disuelve, se licua como en los estudios sobre arte la oposición forma y contenido. El soul está localizado en lo corporal, y este no es cifra de otra parte oculta donde el cuerpo es solo su expresión, su efecto y su cifra. Pensemos, sin ir más lejos, las implicancias antropológicas del rock: nociones y problemáticas ligadas al cuerpo, a los fundamentos rituales o a las cavilaciones etnográficas y filosóficas, etc.

El rock como fenómeno cultural, hecho artístico y despliegue de diversas prácticas implica una pasión épica y ética, o la épica como toda ética en algunos estilos y poéticas rockeras. El margen ha funcionado y funciona como ficción de origen del rock desde su irrupción en nuestro país. Y esto implicó la más de las veces el despliegue de una utopía, que puede ser conservadora en la medida que no se trata de hacer despertar -concientizar- sino, algunas veces, en algunas vertientes del rock en constituirse en la pesadilla del sistema.

Margen y utopía -en todas sus vertientes y diversidades- que se desplegaban en tanto imaginario y momentánea y efímera concreción en el espacio del recital. El recital funcionó y funciona todavía, en algunos casos, como una invitación a un ritual y feligresía pagana, otras veces como lugar donde poner el cuerpo en movimiento y sin censura o en otros como una zona de liberación donde, sin embargo, rigen códigos propios de identificación: las hablas y las prácticas de la zona. El recital convoca para articular otras formas de vida y denunciar al mismo tiempo la forma de vida que “te obligaban a llevar”. Una cultura del recital, y en el recital. Una convocatoria de oposición al sistema imperante.

Pero hay un punto en donde el rock tomó un posicionamiento con respecto al mercado musical de nuestro país y de nuestro momento o de los sucesivos momentos que su trayectoria le hizo articular. Confeccionarse o como el outsider o como el margen del establishmen, pero se ha constituido, al mismo tiempo, un establishmen del rock: la especificidad del mainstream, el panteón de los popes y de las rock and roll stars. Y el recital mismo -salvo los casos autogestivos- se presenta como una paradoja, en tanto se desnuda su otra cara, la del suculento negocio. Si el rock no se vende, el rock también vende, en la medida en que es también espectáculo y se convierte en un buen negocio.

Por otra parte, el rock en nuestro país presenta una historia específica. Una trayectoria que al menos puede escandirse en tres momentos. Irrupción como acontecimiento disruptivo, luego la conformación del “Rock nacional” y por último su licuación en la dispersión de los estilos.

Si en un primer momento, finales de la década de los sesenta, la irrupción del rock en Argentina implicó la apropiación y traducción de un fenómeno cultural producido en una meca cultural más allá de las fronteras nacionales, presenta justamente por eso características diferenciales desde la decisión de adoptar el lenguaje castellano en sus letras. Y que para su visibilidad en el marketing discográfico ha tenido que soportar en esa época la denominación de “música beat”. Al poco tiempo se constituyó descentrado de esa marca de “origen” conformándose ya en los setenta bajo la denominación de rock nacional como una especie de liderazgo cultural en el campo de la cultura y de la vida cotidiana. Su insignia era la contracultura, ahora extendida a una mayor convergencia. La utopía convocante propuesta por el rock nacional y su posición contracultural pivoteaba en las “nobles causas” del amor y la paz, la ecología, la producción independiente (casi una vuelta a lo artesanal), la autenticidad artística, la vida en comunidades -separadas y paralelas a la sociedad capitalista, pero de alguna manera viviendo de sus desechos y despilfarros, reciclando lo descartado- el amor libre, el pacifismo, la voluntad de transformación social. Es decir, la construcción de un mundo alternativo y otro respecto del vigente, en donde las contradicciones y desigualdades entre los hombres se resolvieran. Una identidad política propia.

Con la guerra de Malvinas, 1982,  y la legalización en las radios y televisión del rock cantado en castellano y la operación en que quedaron encerradas sus principales figuras con el Festival por Malvinas, orquestado por la dictadura militar, la unidad imaginaria del rock nacional comienza a resquebrajarse, a descomponerse con la aparición de las tribus urbanas y en sus discrepancias se despliegan desembozadamente diferencias de clase; lo etario es lo que comienza también a desarticularse -el rock ya no es señal de identidad generacional, sale de la cultura exclusivamente juvenil para ser simplemente cultura tout court- para dar paso a políticas de clase en el rock producido en Argentina.

Los diversos estilos, punk, heavy, rockers, modernos o pop, y después el ska, el reggae y el rap, entre otros, convocan a las diversas tribus urbanas que constituirán la heterogeneidad en que se despliega el rock producido en Argentina, después de la desintegración de lo que se llamó rock nacional, no solo tematizarán en sus letras sus oposiciones internas, sino que desplegarán una lucha y un debate por el sentido, no solo del significado del rock en general, sino en torno a la representación de lo social, y en ello la relación de clase.

A partir de esa inflexión temporal el rock en Argentina se segmentó cada vez más en diversas tendencias integrando otras músicas y otras poéticas que antes eran vistas como no propias o incluso con las cuales se mantenía una enconada oposición por considerarlas “comerciales” o “chabacanas”. Una pluralidad de estilos y tendencias diferenciados entre sí emergieron, pero en un nuevo marco: el adentro y aquí del campo del rock en la actualidad.

Todo abordaje de un hecho artístico tan complejo como el rock implica un efecto de recorte, la más de las veces arbitrario y no exento de azar. Una de las propuestas de trabajo que promovemos para estas jornadas -pero que no tendrá que ser exclusiva- es la focalización en las letras de rock como hecho literario, ya que concentran y permiten leer, en síntesis, condensación y desplazamiento, los códigos que disemina el rock, al menos en sus huellas, vestigios, restos e indicios epocales.

No ignoramos que el rock es más que una letra -como la literatura sea tal vez más que una palabra escrita. La letra de rock se presenta como literatura desmarcada, por fuera de la palabra escrita. Literatura inflexionada a partir deatura inflexionada de000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000 una voz. Palabra inseparable de un tono de voz que la enuncia, ante la cual no puede precisarse si el sentido que irrumpe está dictado por la manifestación de una palabra o por las modulaciones de una voz, o, mejor, seguramente, en una conjunción de ambas. Si la letra de rock presupone una escritura previa también se reconoce su realización en la materialización vocal; las palabras no son meramente expresadas en sonidos mediante la resonancia de su instancia fónica, sino que se vuelven sonido, un particular sonido. La letra de rock implica la palabra y una voz que la articula musicalmente, y, por lo tanto, gran parte del sentido se evapora, se escurre; se pierde en su lectura. En ese punto, donde una lengua se halla con una voz, se manifiesta la presencia de un cuerpo. La especificidad de la palabra cantada se rubrica sobre la modulación de una voz que se expande sobre un valor estético de emisión que intenta el despliegue de una teatralización; muchas veces, y, sobre todo en el rock, en la tensión entre una exasperación actoral y su desfallecimiento. La palabra adquiere un espesor, una  textura de sentido, mediante la voz que la emite, que la diferencia y que la distingue de su instancia escrita, porque la voz significa, y al significar tuerce, fuerza incluso, a veces, el sentido impuesto a la palabra por el lenguaje y su escritura.

Gran parte del poder de las letras de rock producidas en Argentina se halla en su insistencia en hablar de lo cotidiano, tanto como denuncia -la vida cotidiana como el espacio donde se desnuda, donde se presenta la verdadera cara del sistema-, tanto como espacio de resistencia que busca ensanchar las fronteras de esa misma vida cotidiana.

El rock inventa sus personajes y sus voces. En las letras, el rock también cuenta. Construye su propia historia. Especificidad y confrontaciones internas que también hablan de la representación de lo social. El rock es, y también puede ser, un relato, una narración.

El objetivo de estas jornadas es abrir una reflexión en torno a la literatura, la teoría y las artes audiovisuales (música, pintura, instalaciones, performances, cine, teatro, fotografía, videos) para explorar los paradigmas que hacen que en ellas se ponga en el centro el rock como fenómeno y práctica cultural, en el despliegue de su materialidad. En la cultura contemporánea en Argentina el rock desempeña un rol crucial, como traza, como huella, como significante en deriva que piensa sin pensar el tiempo y el mundo que el hombre habita y el futuro de ese mundo. Convocamos, entonces, en estas jornadas al complejo fenómeno del rock en Argentina para que pueda ser pensado y abordado desde las diversas disciplinas que puedan dar cuenta de sus prácticas.

 

Ejes temáticos:

1. El rock como trazo del deseo.  

2. Rock en argentina: importación, apropiaciones y circulación.

3. Rock y política. Políticas del rock.

4. El rock como práctica.

5. Rock, comunidad y subjetividad.

6. Figuraciones contraculturales en el rock.

7. Poéticas y micro-poéticas en las letras de rock.

 8. Rock y Literatura.

9. Rock y corporalidades en juego.

10. Del under al mainstream: un recorrido por los espacios.

11. El rock: una mirada histórica.

12. El rock latinoamericano y el rock en Latinoamérica. La gira latinoamericana del rock producido en Argentina.

13. El rock como espectáculo, el rock en las artes del espectáculo (teatro, cine, danza, performance, títeres, artes liminales).

14. Las ficciones de origen del rock en Argentina.

15. Relaciones entre el rock y música progresiva.

Fecha de recepción de resúmenes.

Los resúmenes no deberán exceder las 300 palabras y deberán ser enviados a jornadasrock@gmail.com con la correspondiente ficha de inscripción de las Jornadas -que se encuentra en el final de esta circular- desde el día 18 de mayo de 2017 hasta el día 14 de agosto de 2017 para que sean evaluados.

Ponencias aceptadas

Una vez que el Comité de evaluación haya realizado la evaluación se enviará una notificación vía mail de aceptación a los inscriptos.  

 

Las ponencias deberán ajustar su extensión a 15 minutos (8 páginas A4 doble espacio) para poder asegurar el tiempo para una discusión posterior:

 

Inscripción

Expositores extranjeros: U$D 100.

Expositores nacionales: $ 250

Estudiantes de grado: no abonarán aranceles.

 

Sede:Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini.

 

Contacto e informaciones:jornadasrock@gmail.com

FICHA DE INSCRIPCIÓN

 

Ø     

Apellido y nombres: .................................................................................

Ø     

Documento de identidad: ……………………………………………………

Ø     

Dirección postal:  ......................................................................................

Ø     

Correo electrónico:   ..................................................................................

Ø     

Teléfono de contacto………………………………………………………….

Ø     

Inserción institucional: .............................................................................

Ø     

Título de la ponencia: ...............................................................................

Ø     

Número de Eje temático de la ponencia…………………………………….

Expositor extranjero

 

Expositor nacional

 

 

RESUMEN – Palabras clave

(300 palabras y 5 palabras clave