Para descubrir el Fausto, de J. W. von Goethe, en una nueva edición

Por Jorge Dubatti // Director del Instituto de Artes del Espectáculo

 

Un acontecimiento en la biblioteca teatral: Fausto de J. W. von Goethe, texto completo de la primera y segunda parte, con traducción, introducción y notas de Miguel Vedda, especialista de la Universidad de Buenos Aires y CONICET. El tomo, editado en Colihue Clásica, atesora 600 páginas del texto de Goethe, con 1204 notas al pie, más un estudio y cronología de 150 páginas reveladoras. El mito de Fausto y el texto de Goethe son de plena vigencia en la contemporaneidad, como lo demuestran la puesta del esloveno Tomaz Pandur y la presencia fáustica en la dramaturgia argentina. Una lectura insoslayable.  

 

Acaba de sumarse al fecundo catálogo Fausto de J. W. von Goethe, primera y segunda partes completas, con traducción, introducción y notas de Miguel Vedda, profesor titular de Literatura Alemana en la Universidad de Buenos Aires e investigador del CONICET. Estas 600 páginas de texto de Goethe, con 1204 notas al pie, un apéndice de esquemas y esbozos, junto a otras condensadas 150 páginas de estudio preliminar, constituyen un verdadero acontecimiento en la cultura, por al menos tres razones que queremos detallar.En los últimos tiempos la Colección Colihue Clásica, que coordina Mariano Sverdloff, ha venido realizando sustanciales aportes a una biblioteca teatral esencial: piezas de Eurípides, Anton Chéjov, Iván S. Turguéniev, Alexander Pushkin, en valiosas traducciones directas de las lenguas originales y con estudios, notas y apéndices críticos a cargo de prestigiosos especialistas universitarios.

 

Primera: la vigencia del texto de Goethe y del mito de Fausto en la contemporaneidad. Fausto es un clásico “histórico” de las primeras décadas del siglo XIX, tanto la primera parte como la segunda, compuestas entre 1772 y 1831. Llamamos “histórico” al clásico insoslayable para comprender los procesos del teatro mundial, al clásico que configura una época y como tal no puede ser ignorado. Pero Fausto trasciende su época y proyecta su productividad hacia el futuro, es también un clásico en otro sentido, acaso el más relevante: clásico “viviente”, por su llamado a ser leído desde cualquier presente y en particular a ser reinterpretado en el siglo XXI, “viviente” por su significación radiante para la vida mientras es vivida, hoy o en cualquier momento. Su permanente disponibilidad estimulante. Acabamos de presenciar en el Festival Cervantino de Guanajuato, México, la maravillosa versión del Fausto de Goethe del director esloveno Tomaz Pandur, en clave política local, que transcurre en un escenario transformado en una pileta llena de agua de unos diez centímetros de profundidad. Los actores caminan en el agua, caen al agua, sus vestidos se empapan, el chapoteo y las salpicaduras proponen una música, los movimientos escenográficos generan corrientes y olas, las luces se reflejan en las ondas y alcanzan con fantasmagorías el espacio de los espectadores y el techo de la sala. Todos somos Fausto en la Eslovenia, en México y en la Argentina contemporánea, por distintas razones y de diferentes maneras. Por amor o por espanto, el mito fáustico está omnipresente en la cultura argentina, de las páginas de Esteban Echeverría y Estanislao del Campo a las piezas teatrales de Javier Villafañe, Pedro Orgambide, Alberto Adellach, Emeterio Cerro, Sixto Pondal Ríos y Carlos Olivari, Guillermo Yanícola, Patricia Suárez y María Rosa Pfeiffer, entre muchos textos más. Daniel Veronese planea actualmente emprender una reescritura del Fausto goetheano. ¿Por qué tanta seducción y horror en la cultura mundial por el pacto con el Mal?

Segunda: la magnífica traducción de Vedda, que supera las versiones anteriores en criterios de vertido y en precisión semántica. A diferencia de las ediciones de circulación reciente, que prefirieron la prosa, Vedda traduce en verso lo que fue escrito en verso por Goethe, es decir, casi todo el texto de Fausto salvo los pasajes finales de la primera parte. Vedda enumera las dificultades con las que se enfrentó y que –celebramos- logró resolver exitosamente: “la variedad métrica, el espectro de registros –que van desde la lengua vulgar y cotidiana hasta el estilo sublime-, la complejidad del contenido y, en sí, las comprensibles divergencias entre el alemán de la época de Goethe y el castellano de comienzos del siglo XXI”. Vedda prefiere no valerse de la rima para la traducción de los pasajes rimados, lo justifica con inteligencia: “Creemos que la determinación contraria no sólo violenta el sentido del original sino que además –salvo honrosas y muy raras excepciones- termina produciendo un texto estéticamente deficiente, cuando no directamente caricaturesco”.

Tercera: la nueva traducción en verso no rimado, y muy especialmente el estudio preliminar y las notas de Vedda, permiten el hallazgo de un Fausto de Goethe nunca antes leído. Las reflexiones de Vedda sobre el proceso de composición de la obra, los vínculos entre literatura y vitalismo, la tradición hermética, la dimensión de Fausto en tanto tipo, o sobre la potencia universal del amor (que articula la salvación final de Fausto), enriquecen las perspectivas del lector. Lo mismo puede decirse de las abundantes notas, en las que conecta el texto de Fausto con el resto de la obra de Goethe, con su pensamiento y su circunstancia. Estudio preliminar y notas son de lectura ineludible, proveen herramientas de auténtica multiplicación.

En suma, tres razones que invitan a descubrir o redescubrir esta obra monumental de un autor “viviente”.

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